Prologo
El agua me rodeaba por todas partes.
No podía
respirar y con cada movimiento me iba hundiendo poco a poco. Mi corazón
golpeaba en mi caja torácica a una velocidad poco natural y saludable, mi
cuerpo temblaba de pies a cabeza siendo bañado por el sudor. Aún no entendía lo
que pasaba a mi alrededor. Estaba en mi habitación, mi compañera de cuarto
dormía placida en su cama mientras la desesperación me llenaba. Podía ver todo
a mi alrededor pero aun así sabía que era mi habilidad la que estaba tomando
posesión de mi cuerpo y aquel poder me tenía en un lugar muy diferente a este.
Estaba aquí pero
a la vez estaba allá. Era como si mi cuerpo se dividiera en dos personas. Una
se encontraba aquí, encerrada en una habitación oscura en medio de la noche y
mi otra mitad, la otra yo, se encontrara en un lugar muy lejano bajo el agua. Y
sabía con toda claridad que si no rompía la conexión no despertaría jamás, que
ese era mi fin.
Quería
gritar, patalear, llamar la atención de alguna manera pero cada vez que abría
mi boca podía sentir como el agua entraba en mi cuerpo, necesitaba aire con urgencia
o ya no podría resistir más
Y de pronto
ocurre.
Poco a poco
las cosas a mi alrededor comienzan a ser borradas para ser remplazadas por
agua, agua y más agua. Ya no veo el cuerpo de Ramira, mi compañera, sino que
este es remplazado por grandes rocas, algas y piedras. Y al fin puedo verla,
llevaba el pelo oscuro y largo que se deslizaba con toda libertad por todo el
mar, su cola de pez era de un dorado resplandeciente que se movía con rapidez,
aquello se llevó toda mi atención y por unos segundos, totalmente cautivada,
casi olvido por completo aquella sensación de ahogo.
Era como si
de pronto fuera aquella sirena que se encontraba nadando por los mares, pero
luego todo nuevamente cambió, ya nada era tan hermoso como hace unos segundos.
Y al ver el rostro de aquella hermosa chica de ojos azules lo entendí, ella no
estaba nadando libremente por los mares sino que se encontraba huyendo, de allí
provenía toda esa desesperación que sentía.
Mikhaela,
aquella Norna, a quien se le veía puro terror en sus ojos, aquella a quien le
caía el sudor por su frente no era quien corría peligro. Sino que esa Sirena,
de largo cabello oscuro y ojos azules desesperados era quien pedía ayuda a
gritos. Y supo que su poder no había sido activado porque ya estaba lista y
tenía la edad suficiente, claro que no, su poder había sido activado porque
alguien allí arriba sabía que la muerte las estaba acechando a ambas.
Aquello fue
una simple señal de que todo había cambiado tanto para aquella hermosa sirena
como a la Norna que atreves de un grito desgarrador despertó a más de una
persona.